Nuestra Señora de la Blanca. Reflexiones y meditaciones de Francisco Domínguez Díaz-Tendero. Parte I.

8 09 2008

La antigüedad que a Consuegra se atribuye, siglo y medio entes de Cristo, hace al griego Consaburo su fundador; de ahí que, desde tiempo inmemorial, Plinio el Joven, Antonino y Ptolomeo citan en sus textos a los Consaborenses o Consaborrunses que, desde entonces, mantienen sus nativos con apelativo.

Todas las civilizaciones que ocuparon la Hispania sentaron aquí sus vivencias. La época romana, durante varios siglos, tuvo esta zona como asentamiento en sus dominios, tanto que de aquel tiempo aún se conservan vestigios da algunas obras de la época: presa romana, acueducto, castillo, circo romano, puentes y murallas fueron y son testimonios de la importancia que tuvo entonces Consuegra.

La continuidad da su historia sigue a la par con la de España, hasta situarnos en el siglo XII. El establecimiento, en gran parte del centro de España, de las Órdenes militares hace a Consuegra Capital, Cabeza y Sede del Gran Priorato de la Militar y Soberana Orden do San Juan do Jerusalén, antes de Roda y Malta, con dominio en los Reinos de Castilla y de León, como Castellanía. El carácter de la Orden tanto militar como religiosa hace que el fomento de la religión se imponga en los dominios priorales. Parece ser que allá por el siglo XIII -y así entramos en la referencia mariana sobre la patrona de Consuegra- que, en algún lugar del Castillo que sirvió como Sede Prioral y que aun se conserva restaurado, se acondicionó una ermita; sí hay datos concretos a partir del siglo XVII; hemos conocido los vestigios y parte de los muros que integraban la Capilla, de 19 metros de larga por cuatro de ancha, en la zona sur del Castillo y en la parte más elevada.
El retablo de la ermita tenía como dedicación especial una imagen de la Virgen con la advocación de Ntra. Sra. de la Blanca y así estaba grabado en el frontis de la mesa de altar con esta inscripción “Verdadero retrato de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Blanca en el Castillo extramuros de la Villa de Consuegra”. Así lo hemos conocido en el dibujo que, debajo de la imagen, en el retablo, se ha conservado en una plancha de cobre graba­da. Los habitantes de la entonces Villa subían de continuo a venerar la Virgen, a la que popularmente sobrepusieron el nombre de “Virgen del Castillo”. Hasta entonces no era venerada como Patrona de Consuegra, sólo como “Virgen de la Blanca”, que fue siempre la especial advocación para los Caballeros de la Orden de San Juan.

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